El despertador
sonaba sin cesar, Fabián se arremolinaba entre las sábanas, sin querer despegar
los ojos, su cuerpo adolorido apenas y respondía a sus mandatos.
La recámara estaba en un completo desorden, su ropa estaba tirada por el suelo, había restos de comida por todas partes y basura amontonada en una esquina. Su cuarto había cambiado en los últimos cuatro años.
Desde hace algunos años ya no deseaba ir al colegio, pero tenía que hacerlo, aunque últimamente ya no le importaba lo que los demás dijeran, ya no tenía las fuerzas suficientes para oponerse a los demás. Habían sido nueve años de soportar aquel espantoso sufrimiento, ya no sabía cómo seguir con eso.
-¡No iré!, ya me cansé de esto así que me quedaré-me contestó con enojo
“Ya te lo dije, ¿quieres que me haga cargo de ellos?, te aseguro que si me dejas nunca jamás te volverán a molestar”-le dije con un poco de malicia
-Eso sí sería bueno, pero no estoy interesado, gracias de todos modos-me contestó con indiferencia
“Bueno esa es tu decisión, pero
si la cambias ya sabes dónde me puedes encontrar”.
Fabián se arregló y bajó; su madre ya se había marchado a trabajar, le dejó el desayuno preparado. Se sentó y comió de prisa ya que era tarde, se levantó rápidamente y salió casi corriendo de la casa, la verdad no sé porque lo hacía, muchas veces había dicho que no iría a la escuela, pero siempre en el último momento se levantaba y se alistaba. Siempre llegaba tarde.
-¡Fabián! ¿Otra vez tarde?
-lo siento-se excusó el chico
-bien pasa, pero trata de llegar temprano la próxima vez
-sí
Fabián caminó hacia su asiento, no sin antes sentir risas a sus espaldas y como pedazos de papel chocaban contra él.
-te habías tardado Fabián; pensamos que ya no ibas a venir, que bueno que ya estás aquí, así ya no nos vamos a aburrir-dijo un chico detrás de el
Fabián no contestó trató de pensar en otra cosa, (lo cual resultaba imposible ya que no lo dejaban de molestar).
Durante los recreos Fabián se quedaba dentro del salón, para poder evitar problemas, pero aun así los problemas lo seguían.
-hola Fabiancito, te estábamos esperando,-lo saludó un chico dándole un golpe en la espalda-¡vamos, no estés tan serio!, hoy vamos a divertirnos mucho
Los cuatro chicos reunidos ahí se empezaron a reír, Fabián no trató de hablar, ya estaba demasiado acostumbrado a eso, tanto que ya le parecía normal, aun cuando no lo era
-vamos Fabián dile algo a Rolando o te va a ir peor
Fabián solo los observó con ira, en ese momento sintió un fuerte golpe en la cabeza
-tranquilo Fabiancito, ¿acaso quieres llegar a tu casa arrastrándote?-le dijo Rolando con una sonrisa en su cara-vamos chicos hoy nos vamos a divertir mucho
Rolando era el jefe de la banda de la escuela, era muy temido por todos los alumnos, y a él le gustaba eso; le gustaba jugar con todos y Fabián era su juguete favorito. A Fabián le parecía que todos los que le seguían eran una bola de tontos que no tenían cerebro porque ellos hacían todo lo que él quería, nunca se quejaban de sus mandatos absurdos y sin sentido.
“yo pienso lo mismo que tú, esos chicos son unos estúpidos sin cerebro, me pregunto ¿Qué harían ellos si estuvieran en tu lugar?, seguramente no podrían soportarlo, ¡me encantaría verlos sufrir! -dije con un tono de burla en mi voz.
-A mi también-dijo Fabián con un tono de voz que nunca antes había escuchado.
Pasó el tiempo y llegó la hora de la salida.
-Nos vemos en la salida. –le dijo Rolando mientras se levantaba de su asiento y se dirigía a la salida del salón, sus amigos ya lo esperaban en la puerta
Como odiaba la hora de la salida, sabía perfectamente que a una cuadra de la escuela estaba Rolando con su pandilla esperándolo para golpearlo, la mayoría de las veces era así.
Con las pocas fuerzas que le quedaban se levantó y se dirigió a la salida, ya iba preparado para la golpiza que le tocaba.
-Hola otra vez, Fabiancito-dijo Rolando pasándole el brazo sobre los hombros-No estés tan tenso, si solo será un momento.
Había cerca de seis chicos a su alrededor riendo, Fabián no decía nada, sabía perfectamente que tenía que quedarse callado si decir nada y no alzar la vista o le podría ir peor
-Muy bien empecemos-dijo Rolando tirando a Fabián en el suelo, dándole una patada en el estomago.
Fabián se había propuesto ya no llorar, ni gritar cuando estuviera siendo golpeado ya no lo iba a soportar , ya no les iba a dar el gusto de divertirse con él, así estuvieran a punto de matarlo no les iba a dar ese último gusto.
-Vamos Fabiancito grita, llora, ¿no vez que si no lo haces esto ya no será divertido?-decía Rolando mientras lo seguía golpeando, pero Fabián no hacía caso.
-Yo iba a ser bueno contigo, pero como no quieres cooperar… -Dijo Rolando, tomándolo por el cuello hasta quedar cara a cara -¡Chicos hagan con él lo que quieran!-dijo mientras lo volvía a tirar al suelo.
Todos como si fueran una manada de perros al mandato de su amo obedecieron, empezaron a golpear a Fabián y a insultarlo, pero aun con la paliza que estaba recibiendo no gritó, ni derramó una lágrima.
-Bien chicos, ya vámonos-dijo Rolando después de 10 minutos de una horrible paliza, pero los chicos no paraban-¡Ya les dije que paren!-gritó, y todos pararon en el instante y voltearon a verlo, Rolando solo se volteó y empezó a caminar, todos lo siguieron un poco confundidos.
-“eso fue un poco raro”-pensó Fabián
-“Mas bien inteligente, Rolando no es tan tonto para dejar que ellos te maten a golpes, después de todo no quiere ir parar a la cárcel, ¡y qué bien que los paró por un momento! casi pensé que morirías”
-sí, yo también
Fabián se quedo tirado, hasta que alguien pasó y se compadeció de el
-¡Oye chico!, ¿estás bien?, ¡oye!-pero Fabián no podía responderle
Al día siguiente despertó en el hospital, se sentía peor que nunca, su cuerpo se sentía destrozado
-“Buenos días, que tal amaneciste”
-“me duele todo mi cuerpo”
-“creo que eso es normal”-le dije en un tono de burla
Después de un rato, llegó su mamá, trató de hablar con él, pero Fabián no dijo nada; y no era para más, su madre solo lo regañaba por llegar siempre golpeado. Una vez le dijo que unos compañeros lo estaban molestando pero ella solo le “aconsejó” que los ignorara, pero eso no funcionó, y ahora era lo mismo, así que Fabián solo escuchó y no dijo nada. Igual pasaba con su padre.
Sus padres se habían divorciado hacía 10 años, el divorcio había sido un proceso difícil, siempre había peleas, dejaron de prestarle atención a Fabián hasta dejarlo en un abandono total; desde ese momento Fabián fue cambiando, dejando de lado a sus amigos y ocultándose cada vez mas del mundo. Era un chico listo de esos que solo escuchando o leyendo algo solo una vez se lo aprende, pero ser inteligente a veces es algo malo, porque con eso te pueden molestar mucho más de lo que te imaginas así que empezó a decaer en los estudios, haciendo que sus padres se enfadaran más con él por eso.
Cuando era niño sus recreos eran mucho más divertidos, se la pasaba siempre con su mejor amigo, pero después del divorcio, todos se empezaron a alejar de él, solo su mejor amigo se quedó cerca, sin embargo, con el tiempo, se fueron alejando poco a poco hasta que en un momento ya eran unos completos desconocidos, eso le había dolido, pero ahora ya no importaba.
-Oye, ¿aun me quieres ayudar?
“¡claro!, ya te estabas tardando”-contesté con cierto júbilo.
Preparamos todo para el gran día, conseguir un arma no fue tan difícil, en internet se consiguen tantas cosas, por el dinero no hubo problema, su padre se sentía tan culpable por no estar junto a él que le daba una buena cantidad de dinero cada mes, lo ahorraba para algo especial y ese “algo especial” había llegado.
Practicó unas semanas antes para el gran día y cada vez que lo golpeaban, recordaba como los iba a asesinar a todos.
Ese día llegó; muy temprano se aseguró de guardar muy bien el arma, donde nadie pudiera encontrarla, se dirigió al salón pero chocó con alguien antes de llegar.
-Lo siento-dijo, se sorprendió mucho al ver con quien había chocado
-¡Hola Fabiancito!, ¿Qué haces aquí tan temprano?-le preguntó Rolando
Fabián no dijo nada, solo bajó la vista
-vamos, es de mala educación dejar a alguien con la palabra en la boca
Fabián sabía que si se atrevía a decir algo que no le gustara terminaría completamente golpeado
“vamos que hoy vas a acabar con todo esto”-dije lentamente a su oído.
-Tienes razón-dijo Fabián, por supuesto respondiéndome a mí pero como Rolando no podía escucharme pensó que le decía a él.
-te lo digo, se chico respetuoso y respóndeme
-¿Por qué debería?, ¡¿acaso no eres tu el que siempre me golpea y el que siempre me insulta y el que siempre que se burla de mi?! ¿Por qué tendría que tener respeto hacia ti? ¡Me has hecho sentir como basura! ¿Acaso tu no eras mi amigo? ¡Eras mi mejor amigo!, sin embargo te has vuelto mi verdugo, ¡no puedo tener respeto por alguien así!-Fabián estaba realmente enojado
Rolando solo lo observó y le sonrió, se acercó un poco pero Fabián retrocedió, así que paró en el instante.
-¡Por fin!, te habías tardado Fabiancito, me estaba cansando, creo que ya era hora de que te revelaras estoy orgulloso de ti
-¡¿Qué?!-Fabián no podía dar crédito de lo que escuchaba
-Sé que he sido el peor amigo de todos, es más, no merezco ser llamado amigo, se que todo lo que te hice no me lo puedes perdonar, pero estoy arrepentido y ya no te volveré a molestarte-dio un paso hacia adelante y le arremolinó el cabello
-¿crees que me voy a creer eso?-dijo aparatándose de él-no soy tan ingenuo
Fabián se encaminó al salón no si antes volver la vista hacia Rolando, éste, al ver que lo volteaba a ver, le saludó y le dedicó una amplia sonrisa
“dime, aun vamos hacer lo que teníamos planeado ¿verdad?”-pregunté temiendo que hubiera cambiado de opinión.
-Claro que sí
Cuando ya toda la escuela estaba en un completo silencio, cuando ya todos estaban dentro, Fabián puso en marcha su plan, primero pidió permiso de ir al baño, bajó las escaleras se dirigió hacia su arma y la tomó.
El cielo estaba completamente borrascoso, como si presagiara lo que iba a ocurrir, el viento chocaba contra su cara mientras caminaba de nuevo hacia su destino, ¡nadie lo iba a detener!
Podía sentir el frio del arma contra sus manos, el sonido de sus pasos mientras subía los escalones sonaban melodiosamente con el viento que soplaba. Cada paso que se acercaba mas al salón podía sentir como su corazón chocaban contra el pecho.
Abrió la puerta y en ese momento empezó a disparar, los gritos las suplicas y los lamentos de todos sonaban tan armoniosamente al combinarse con los disparos y las risas de Fabián, ya nadie más podría molestarlo, ni golpearlo nunca jamás, el tenia razón ahora eran ellos los que lloraban y suplicaban para que parara.
-¡Si tan solo ustedes hubieran parado cuando se los pedí, esto no estaría pasando! –Fabián siguió riendo. Las balas se habían acabado así que cambio el peine del arma. Como vio que ya nadie se movía salió del salón.
La escuela estaba hecha un lio todos estaban corriendo y gritando, se encaminó hacia el barandal y se dispuso a disparar, desde lo alto se podía ver la hermosa escena, como entre la multitud varios caían al ser alcanzados por las balas.
Ya todo se había acabado, aun se escuchaban gritos pero el ya no tenía balas para contestarles y seguir, así que se encaminó hacia su salón de clases.
Cuando entró se sorprendió al ver al Rolando, sentado en una banca de la orilla
-Todos están muertos, lástima-dijo en un tono lúgubre
Fabián no respondió apenas y podía creer lo que veía, ahí estaba la persona que más daño le había hecho, ¡vivo!, el maldito estaba vivo, sin un solo rasguño.
-Salí al baño, cuando escuché los disparos me paralicé, así que esperé un poco, después escuché que pararon por un momento, así que me dirigí al salón, si lo sé, de todos los lados tendría que dirigirme al salón, pero no lo pude evitar. Entonces fue cuando te vi en el barandal disparando y riendo, no hice nada para detenerte, ¿Por qué?, no lo sé, tal vez valoro demasiado mi vida, así que entre al salón, trate de ver si alguien seguía con vida, pero todos estaban muertos.
Se quedaron callados, durante un momento, hasta que Rolando se acercó hacia a Fabián y lo abrazó.
-fue mi culpa ¿verdad?, yo te orillé a esto, lo siento mucho
Fabián no respondía, estaba como en trance.
La policía llegó y se lo llevaron, en el juicio se alegó demencia, así que solo lo encerraron en un psiquiátrico en donde está siendo tratado, la verdad, ahora esto se está volviendo aburrido.
Cada día era lo mismo, la enfermera llegaba y le daba medicamentos para tranquilizarlo, la misma rutina una y otra vez.
A veces venia Rolando a visitar a Fabián y le contaba cosas de la escuela y sobre su vida. De que lo sentía por lo que pasaba, y que gracias a que sus padres había salido de su gran abismo, pero que por desgracia no pudo ayudarlo.
Después de un tiempo dejó de ir, tal vez fue porque nunca le dijo nada o porque tal vez no pudo soportar ver a Fabián en ese estado tan lamentable, bueno eso no importa, después de todo algún día saldré de aquí y podre ir a terminar lo que empecé y Rolando pagará por todo esto después de todo es completamente aburrido estar aquí.
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