miércoles, 14 de octubre de 2015

El mismo final...



Nota del autor:
Este pequeño cuento es dedicado a mi amigo Sam, porque me lo pidió y realmente se lo debía. De nada Sam, sé que estas realmente agradecido por ello. Nótese que lo único que es igual que con el protagonista es que es muy tacaño, sabes que es con cariño. Disfrútalo, simple y sin nada que te pueda llegar a traumar, lo hice pensando en ti, (en realidad me contuve para no ponerle un final que te pueda traumatizar).


El mismo final.


-Es una buena chica, no deberías dañarla



-No la dañaré –Aseveró el chico a su amigo frente a él –De verdad Mateo, no la lastimaré

-Te conozco San, eres tan predecible como  que el sol sale por el día y la luna por la noche –Mateo miró a su amigo Santiago a los ojos, le conocía tan bien, era un buen chico, pero realmente terrible en las relaciones amorosas.

-Mateo…

-Es la mejor amiga de mi novia, no me importas tú, pero cuando le rompas el corazón yo seré quien estará más afectado. ¿¡Por qué con su mejor amiga!?

-Ya…tendremos un final feliz

-Sí, repítelo hasta que te lo creas tú mismo –Mateo miró al chico más alto que él, se conocieron entrando a la universidad y no se habían separado desde entonces, y aunque era un chico realmente listo, en cuanto a relaciones amorosas apestaba.

-No te debe de molestar

-Sí fuera cualquier otra chica me sentiría mal por ella, pero no me importaría tanto

-Lo sé, la mejor amiga de tu novia –Santiago rodo los ojos, ya lo había escuchado tanto que le tenía fastidiado, sabía que él mismo se metió en aquel lio cuando no se resistió a pretender a la mejor amiga de la novia de su amigo; aunque era algo más que un trabalenguas, al final quizá el más afectado sería su amigo.

-San…

-Mateo, de verdad, no le romperé el corazón… al menos no como a todas las demás

-Eres un maldito, hijo de…

-Tranquilo, lo sé, lo sé, trataré de resolverlo de la mejor manera

-Sí, eres tan tacaño como maldito

-Gracias por el halago, nos vemos, debo ir a ver a Brenda –Santiago dio la vuelta sin mirar atrás, se podía imaginar a Mateo levantándole el dedo medio como despedida, pero no le importaba.

A veces se preguntaba, ¿por qué era así? Era un buen estudiante, quizá sus únicos defectos era que se emborrachaba con la misma facilidad con la que se enojaba, sin olvidar lo tacaño, pero en realidad él lo veía como un ahorro de dinero.

No había conocido el amor realmente, salía con algunas chicas sólo por diversión y entonces cuando todo se comenzaba a poner serio las terminaba, y no era realmente bueno terminando a una chica, todos sus finales había sido un desastre, recordaba la mayoría, no precisamente porque le dolieran, sino por la manera tan extravagante en la que habían terminado.

La primera vez había sido ya hacía unos años, recordó la manera tan fría en la que terminó con la chica, frente a todo su grupo de secundaria, recordaba perfectamente las lágrimas que resbalaban por sus mejillas y como ella salió corriendo, mientras algunas de las amigas de la chica le decían algunas cuantas malas palabras y la mirada de desagrado de muchos de sus compañeros, pero comenzaba a sentirse atado y era muy joven para querer ser atado.

Otra de las veces en la que había terminado había sido cuando la chica le quiso presentar a sus padres, básicamente la terminó tan abruptamente que la chica tardó en reaccionar, y después la primera bofetada de muchas más recibiría más adelante.

Una de las que más recordaba y de alguna manera le era divertida fue esa vez en la que la novia intentó convencerlo de que se quedará con ella, hasta se le arrodillo, no podía creer que alguien pudiera llegar a tanto por una persona cuando solo tenían dos meses de pareja. Recordó que Mateo le había dicho alguna vez, que aunque para él, el amor era un juego para otras personas era su todo.

La última novia que había terminado le arrojo un vaso con frappé encima, ese día hasta brinco, pudo sentir como el hielo resbaló por su espalda y el escalofrió que sintió por todo su cuerpo.

A pesar de todas las maneras en las que había tenido sus relaciones, diferentes chicas, altas, bajas, delgadas, gorditas, listas, tontas; todas eran diferentes, nunca había tenido una novia igual a la otra, sin embargo siempre las terminaba, no importaba el motivo, siempre era el mismo final desastroso.

Podía recordar que todas sus relaciones siempre comenzaban con un “Hola” y casi siempre terminaba sus relaciones con un “Ya no podemos seguir juntos”; no pedía ni una disculpa, sólo las terminaba, después de todo no era su culpa el no haber podido enamorarse de la chica, solo se debía de terminar. Su respiración siempre era tan calmada como si hablara de algo tan común. Ni una sola preocupación.

Para él el amor era de tan poca importancia que no podía creer que fuera el todo para algunas personas, realmente lo odiaba, por eso es que sólo las terminaba sin mirar atrás y sin arrepentirse, siempre era lo mismo.

Ni él mismo comprendía porque iniciaba una relación, podía tener relaciones abiertas, sin compromiso, pero él siempre buscaba relaciones de noviazgo, quizá buscaba el amor o quizá lo hacía para terminar, porque el ver a las chicas sufrir de esa manera le había terminado por gustar más de lo que él podría imaginar. Sin importar cual fuera el motivo Santiago sabía algo y era que todas sus relaciones siempre terminarían con el mismo final, el cual de alguna manera le resultaba realmente placentero.
 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario