Nota del autor:
Este pequeño cuento es dedicado a mi amigo Sam, porque me lo pidió y realmente se lo debía. De nada Sam, sé que estas realmente agradecido por ello. Nótese que lo único que es igual que con el protagonista es que es muy tacaño, sabes que es con cariño. Disfrútalo, simple y sin nada que te pueda llegar a traumar, lo hice pensando en ti, (en realidad me contuve para no ponerle un final que te pueda traumatizar).
El mismo final.
-Es una buena chica, no deberías
dañarla
-No la dañaré –Aseveró el chico a
su amigo frente a él –De verdad Mateo, no la lastimaré
-Te conozco San, eres tan
predecible como que el sol sale por el
día y la luna por la noche –Mateo miró a su amigo Santiago a los ojos, le
conocía tan bien, era un buen chico, pero realmente terrible en las relaciones
amorosas.
-Mateo…
-Es la mejor amiga de mi novia, no
me importas tú, pero cuando le rompas el corazón yo seré quien estará más
afectado. ¿¡Por qué con su mejor amiga!?
-Ya…tendremos un final feliz
-Sí, repítelo hasta que te lo
creas tú mismo –Mateo miró al chico más alto que él, se conocieron entrando a
la universidad y no se habían separado desde entonces, y aunque era un chico
realmente listo, en cuanto a relaciones amorosas apestaba.
-No te debe de molestar
-Sí fuera cualquier otra chica me
sentiría mal por ella, pero no me importaría tanto
-Lo sé, la mejor amiga de tu
novia –Santiago rodo los ojos, ya lo había escuchado tanto que le tenía
fastidiado, sabía que él mismo se metió en aquel lio cuando no se resistió a
pretender a la mejor amiga de la novia de su amigo; aunque era algo más que un
trabalenguas, al final quizá el más afectado sería su amigo.
-San…
-Mateo, de verdad, no le romperé
el corazón… al menos no como a todas las demás
-Eres un maldito, hijo de…
-Tranquilo, lo sé, lo sé, trataré
de resolverlo de la mejor manera
-Sí, eres tan tacaño como maldito
-Gracias por el halago, nos
vemos, debo ir a ver a Brenda –Santiago dio la vuelta sin mirar atrás, se podía
imaginar a Mateo levantándole el dedo medio como despedida, pero no le
importaba.
A veces se preguntaba, ¿por qué
era así? Era un buen estudiante, quizá sus únicos defectos era que se
emborrachaba con la misma facilidad con la que se enojaba, sin olvidar lo
tacaño, pero en realidad él lo veía como un ahorro de dinero.
No había conocido el amor
realmente, salía con algunas chicas sólo por diversión y entonces cuando todo
se comenzaba a poner serio las terminaba, y no era realmente bueno terminando a
una chica, todos sus finales había sido un desastre, recordaba la mayoría, no
precisamente porque le dolieran, sino por la manera tan extravagante en la que
habían terminado.
La primera vez había sido ya hacía
unos años, recordó la manera tan fría en la que terminó con la chica, frente a
todo su grupo de secundaria, recordaba perfectamente las lágrimas que
resbalaban por sus mejillas y como ella salió corriendo, mientras algunas de
las amigas de la chica le decían algunas cuantas malas palabras y la mirada de
desagrado de muchos de sus compañeros, pero comenzaba a sentirse atado y era
muy joven para querer ser atado.
Otra de las veces en la que había
terminado había sido cuando la chica le quiso presentar a sus padres,
básicamente la terminó tan abruptamente que la chica tardó en reaccionar, y después
la primera bofetada de muchas más recibiría más adelante.
Una de las que más recordaba y de
alguna manera le era divertida fue esa vez en la que la novia intentó convencerlo
de que se quedará con ella, hasta se le arrodillo, no podía creer que alguien
pudiera llegar a tanto por una persona cuando solo tenían dos meses de pareja.
Recordó que Mateo le había dicho alguna vez, que aunque para él, el amor era un
juego para otras personas era su todo.
La última novia que había
terminado le arrojo un vaso con frappé encima, ese día hasta brinco, pudo
sentir como el hielo resbaló por su espalda y el escalofrió que sintió por todo
su cuerpo.
A pesar de todas las maneras en
las que había tenido sus relaciones, diferentes chicas, altas, bajas, delgadas,
gorditas, listas, tontas; todas eran diferentes, nunca había tenido una novia
igual a la otra, sin embargo siempre las terminaba, no importaba el motivo,
siempre era el mismo final desastroso.
Podía recordar que todas sus
relaciones siempre comenzaban con un “Hola” y casi siempre terminaba sus
relaciones con un “Ya no podemos seguir juntos”; no pedía ni una disculpa, sólo
las terminaba, después de todo no era su culpa el no haber podido enamorarse de
la chica, solo se debía de terminar. Su respiración siempre era tan calmada como
si hablara de algo tan común. Ni una sola preocupación.
Para él el amor era de tan poca
importancia que no podía creer que fuera el todo para algunas personas,
realmente lo odiaba, por eso es que sólo las terminaba sin mirar atrás y sin
arrepentirse, siempre era lo mismo.
Ni él mismo comprendía porque
iniciaba una relación, podía tener relaciones abiertas, sin compromiso, pero él
siempre buscaba relaciones de noviazgo, quizá buscaba el amor o quizá lo hacía
para terminar, porque el ver a las chicas sufrir de esa manera le había
terminado por gustar más de lo que él podría imaginar. Sin importar cual fuera
el motivo Santiago sabía algo y era que todas sus relaciones siempre
terminarían con el mismo final, el cual de alguna manera le resultaba realmente
placentero.

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