miércoles, 9 de diciembre de 2015

Amiga.




El chico se paró frente a quien estaba buscando antes de sacar unas hojas de papel que llevaba en el pantalón, la extendió frente a él pero antes de comenzar a leerla se detuvo para hablar.

-Creo que nos parecemos mucho en que somos malos para las palabras, así que las escribí, así como lo solías hacer, espero que te guste…

“¿Recuerdas la frase “más que amigos, menos que amantes”? Tú me la dijiste una vez, tú quién eras mi amiga, la persona que no entendía que amaba hasta el momento en que te perdí, hasta ese momento fue cuando la comprendí.

No era como si tuviéramos una relación, era un juego en el que ambos decíamos “te amo” sin 
realmente sentirlo, con abrazos y caricias fraternales; y alguno que otro comentario lascivo sin afán de ofender o ir más allá de lo que era, sólo un comentario.

¿Respeto?, como hombre debo de admitir que me hubiera gustado mucho faltártelo, pero me contuve, porque muy dentro de mi yo sabía que si te hacía algo, tú nunca me lo ibas a perdonar, nunca me volverías a dirigir la palabra y el perder tu amistad para siempre me era imposible de concebir.

Yo estaba bien con sólo verte de lejos, contemplar cómo te movías entre las personas, como reías y como a veces llegabas a enfadarse sin que nadie más se percatará de sus sentimientos. Te vi sentirte mal cuando tus amigos se alejaban de ti, te vi llorar cuando el sufrimiento y el peso que cargabas te hicieron caer, te vi enfermarte y…me sentí el hombre más impotente de la tierra. Fue en ese momento en que me di cuenta lo lejos que me encontraba de ti.

Sabes bien que llevo una buena relación con una bella chica, tan diferente a ti en muchos contextos y la amo, amo a mi novia de una manera muy diferente, y por respeto a esa relación sólo te pude ver desde lejos, ver como tu cuerpo apenas y te respondía, ver como las lágrimas inundaban tus ojos y yo no las podía secar.

Ese momento es uno de los más dolorosos que he vivido, porque no sabía qué hacer para hacerte sentir mejor, sólo el mantenerme lejos y dejar que fueran otras personas las que te consolaran y esperar a que estuvieras bien, eso es lo único que pude hacer ese día.

A pesar de que tú eras mi amiga, siempre me quede con ganas de algo más, algo a lo cual no tenía derecho, algo que no me es permitido porque lastimaría a dos personas importantes de mi vida.

Eras una chica muy especial, era feliz porque muy pocas personas se había dado cuenta de lo diferente y especial que eras; pero todo cambió cuando él llego, él también vio lo que yo vía en ti… ni lo conozco y lo detesto, él llego a darte un brillo diferente en la mirada, te hizo sonreír de una manera diferente y te convirtió en una persona más alegre. A pesar de ello yo no podía decir que estuviera feliz por ti, como tú decías de mi relación con mi novia, yo no podía, yo detestaba la felicidad que ahora tú sentías.

Yo te había hecho sonrojar antes que él, yo te había tomado la mano muchas más veces que él y te había dado besos y caricas mucho antes que él; yo tenía más derecho que él… no… en realidad no tenía ni un tipo de derecho.

A pesar de ser tu amigo me aleje de ti, me sentí tan enfadado que simplemente me mantenía alejado; hasta que el día en que supe que sería difícil verte otra vez, entonces no me contuve, te abrace y bese como hacía mucho no hacía, y tú lucías feliz, feliz porque habías recuperado a tu amigo, sin que te  percataras que me estaba despidiendo de nuestra relación.

Pero ese día de nuestras supuesta despedida me di cuenta que si sólo tuviera una oportunidad de estar solo contigo no la desaprovecharía, por eso también me aleje lo más posible de ti, el no verte para no lastimarte y quedarme solo con los buenos recuerdos que habíamos compartido ambos, después de todo, tanto tú como yo teníamos a nuestras parejas.

Pero no tardó mucho en que dejará de pensar así; al mes de haberme mudado lejos de ti y vivir con mi pareja recibí uno de los mensajes más dolorosos de mi vida. Un amigo en común me comunicó que habías muerto, no le creí pero él me lo aseguró, dijo que él no jugaría con una noticia de ese tipo y mucho menos por quien se trataba. Maurel te tenía gran estima.

Los detalles de tu muerte, un accidente donde tú fuiste la única que murió, todos había sobrevivido menos tú y entonces me di cuenta de lo injusto que era la vida y lo estúpido que fui, que había perdido a más que una amiga, a una persona que es irremplazable.

Uno de tus amigos más cercanos me dijo algo que nunca olvidaré, “Si lo hubieras intentado antes, ella te hubiera dicho que sí”.

Entonces me di cuenta que le temía a lo que fuera de nosotros en una relación, que todo fuera a cambiar, y que me terminarás odiando, también me odie por las veces en las que te había lastimado y dejado atrás sin explicación.  

En realidad no tuvo que pasar mucho tiempo para que me diera cuenta que siempre viviré arrepentido, y que tendré que conformarme con los recuerdos de tus sonrisas, de tus caricias y de tus abrazos; tendré que vivir siempre con el “que hubiera sido…”

Eras una persona realmente especial, me hacías sentir completo y que podía llegar a ser diferente, te amaba tanto que tuve que perderte realmente para darme cuenta de lo importante que eras para mí. Sé que mi novia nunca me lo perdonaría, y quizás es el dolor el que habla, pero nunca te olvidaré.

Ahora que tú no estás aquí me doy cuenta de lo que éramos realmente, de la relación que realmente teníamos y lo felices que fuimos en ese momento sin que ninguno de los dos se diera cuenta… a pesar de lo tarde que es, aun quiero decir que te amo, te amo, te amo Samantha”

El chico volvió a doblar las hojas, se arrodillo junto a la tumba para hacer un hoyo en donde deposito la carta. Miró la tumba, donde se leía el nombre completo de la chica y la edad que había muerto. Tan joven y bella; ahora esperaba enterrar aquellos sentimientos junto a ella.


No hay comentarios:

Publicar un comentario