Nota del autor: Al menos que te consideres de una persona de mente abierta y que no se asuste con nada respecto a la sexualidad puedes seguir leyendo.
Hoy de
nuevos estaba sentado frente a mí, comiendo tranquilamente, las mañanas son
siempre iguales, yo solo observando cómo deglute lentamente la comida y la pasa
de la misma manera por su garganta, el movimiento de su cuello era sumamente sugerente
y me hacia una invitación para acercarme y besarlo, sentir su dulce piel bajo
mis labios, quería con mi lengua recorrer toda su extensión y con mis dientes
morderlo, marcarlo y que todos se enteraran que era mío y que nadie más lo
debía tomas, ¡solo yo!
-¿Cómo te va en la escuela?-escuche que me llamaba, haciendo que saliera de mis
sucios pensamientos
-Bien fue mi seca respuesta y así volver mi atención a mi plato de comida para
por fin comience a comer.
-Ya sabes que puedes confiar en mí-dijo mientras me regalaba una sonrisa con
sus labios que solo deseaba saborearlos, morderlos, besarlos.
-Lo sé-dije sonriendo de igual manera, el era la persona que mas deseaba con
todo mi ser, esa persona que se había hecho cargo de mi desde que ese otro ser que
me había dado la vida murió el día en que yo nací.
La verdad no me importaba, estaba mucho mejor con ella muerta, ahora él era
solo para mí y nadie más, y si alguien se atrevía a tratar de quitármelo
entonces si es necesario terminaría con la vida de esa persona, así lo haría
mancharía de sangre mis manos solo para que el siga siendo mío.
Terminando el desayuno salimos de casa, como siempre cada quien por su lado, yo
al colegio y él a su trabajo.
Como todos los días iba al colegio solo para encontrarme con los estúpidos de
mis amigos, de que hablaban como se veía cada chica de la escuela; que si
Mariana era la más fácil, que Alice se hacia la del rogar pero también quería,
que Ximena con esa falda parecía prostituta.
-Oye Christian despierta, últimamente estas mucho en las nubes-escuche que me
hablaba Josué, yo solo le sonreí y le asegure que estaba bien
-¿Entonces qué?...por fin le harás caso a Ximena, mira que se muere por ti-me
dijo con una sonrisa
-No lo sé-fue lo único que dije
No es que no me llamaran atención mis compañeras, de cierta manera también me
excitaban, después de todo también era hombre. Pero no sentía lo mismo que con
esa persona, esa sensación era diferente, las chicas solo me hacían querer
verlas, en cambio el me hacia querer tenerlo, poseerlo.
Cuando regrese a casa no había nadie, o eso era lo que creía, cuando pasaba por
el baño se abrió la puerta dejando ver a esa persona completamente desnuda,
solo una toalla cubría la parte baja de su cuerpo.
Veía como las gotas de agua resbalaban por su pecho y abdomen, de pronto una
imagen se anido en mi mente, yo arrojándome contra el saboreando aquellos
labios y mis manos recorriendo su hermoso cuerpo, trague saliva y salí casi
corriendo a mi habitación, una sensación ya familiar y desde hace ya algunos
años recorrió mi cuerpo.
Podía sentir una incomodidad en mi entrepierna me senté en mi cama y espera,
trate de dejar de sentirla pero era imposible, después de unos minutos escuche
como la puerta se cerraba lo que quería decir que él había salido de casa.
Sin poder soportarlo más me baje el pantalón y deje que salir mi miembro el
cual tenía una erección y como siempre cada vez que la tenia ponía mi mano
sobre él y comenzaba a masajearlo pensando en el, son en el, en su boca, en su
piel, en sus manos, en su cuerpo, el solo hecho de poseerlo.
Sin poder evitarlo mi respiración se volvió agitada y algunos gemido de placer
salían de mi boca y casi en su imperceptible susurro lo llame una y otra vez,
cuando por fin sentí que mi cuerpo llegaría al orgasmo, gemí de la forma en que
lo llamaba
-Papa…- salió de mi boca muy claramente y potente, y como si lo hubiera llamado
se abrió la puerta y ahí estaba el parado observándome, primero con cara de
asombro y después me sonrió, yo estaba sin palabras aun con mi miembro en la
mano y la respiración sumamente agitada, se acerco lentamente
-Parece que necesitas ayuda hijo-dijo en un susurro muy cerca de mi oído lo que
hizo que me estremeciera de sobremanera
-¿quieres que te ayude?-dijo mientras mordía mi oído y pasaba una de sus manos
sobre mi miembro comenzando así a masajearlo, yo cerré mis ojos disfrutando del
momento-vamos llámame como hace un momento lo hiciste-dijo lamiendo mi cuello
solo para después morderlo así ocasionando que gimiera.
-Se…bas...tian…
-No…tú no me llamaste así-susurro sobre mi cuello
-¡¡Pa…papa!!-gemí por fin
Podía sentir sus manos sobre mi miembro, y las movía con tal maestría que yo lo
único que podía hacer era gemir y llamarlo, rogando que me llevara al éxtasis.
De pronto sentí como mi miembro era introducido a algo húmedo y cálido, al
abrir mis ojos vi claramente como mi padre había introducido mi miembro a su
boca, era lo más maravilloso que había experimentado alguna vez. Su lengua
hacia un trabajo increíble, me hacía sentir en el mismo cielo, cuando llegue al
orgasmo, al más maravilloso de todos solté aquella sustancia blanquizca y
pegajosa en su boca, al verlo como la bebía cerré los ojos y al abrirlos ya no
estaba, solo yo.
De nuevo mi sucia mente me jugaba aquel juego, me hacía sentir aquel dulce
dolor y no me importaba aun cuando estaba mal y a veces dolía, seguía siendo
dulce, solo mi dulce dolor.

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