L'égoïsme tue l'amour...
Capítulo 1
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2 años atrás ------------------------------------------------
Una joven de tez blanca y de
cabello rubio en ese entonces caminaba con algunas de sus maletas hacia el
lugar que desde ahora sería su nuevo hogar, se movía de manera arrogante
sabiendo que por su belleza podría atraer a quien quisiera. Entro a su nuevo
departamento y vio alrededor, era grande, amueblado y muy bien decorado; justo
como le gustaba.
Llevó las maletas hacia su
habitación y comenzó a ordenar su ropa, la cual era demasiada. No era de las
personas que les gustará arreglar sus cosas, prefería que alguien más lo
hiciera, así que apenas había comenzado cuando ya se había aburrido; se recostó
sobre la cama dando vueltas sobre ella.
-¡Aburrida!, ¡aburrida!-dijo
varias veces hasta que se cansó y prefirió salir un momento a ver si conocía a
algunos de sus vecinos; y si entre ellos podría encontrar a alguien interesante,
pero nadie salía; así que decidió ir a divertirse un poco con sus amigos.
Ella era una joven a la cual
nunca le había faltado nada, estaba demasiado acostumbrada a que le dieran todo
lo que pedía, y ella era feliz viviendo de esa manera, no había nada que no le
cumplieran sus padres, los cuales le daban todo lo que pedida su pequeña princesa.
Tampoco creía en el amor, y
el principal motivo eran sus padres, ver su relación solo hacía odiar a aquello
que le hacían llamar “amor”, por ese motivo era que cada vez que encontraba un
chico que le gustaba, terminaba con esa persona en la cama para después
olvidarse por completo a ese sujeto, y para ella no era difícil encontrar a
alguien lindo o apuesto, ya que era hermosa.
Esa noche salió con algunos
de sus amigos, aunque realmente no los consideraba de esa manera, solo eran
personas con las cuales podía salir a divertirse por la noche. Había terminado
en un antro, bailando y tratando de persuadir a un chico, pero éste no mostraba
nada de interés en ella; no podía permitir que alguien que era totalmente su
tipo no se acostará con ella. Cuando estaba a punto de ir por él, apareció una
joven hermosa, claro no más que ella; no más que la hermosa Camila; o al menos
eso ella pensaba. Al parecer era su cita y Camila se sintió tan molesta que se
dio la vuelta y regreso a su departamento, llena de irá porque su presa había
escapado.
Pero quien se creía ese chico para no aprovechar la oportunidad de
salir con ella, Camila era más hermoso
que esa otra chica, eso cualquiera lo podía saber. Iba tan enojada que no se
dio cuenta cuando choco con alguien más.
-¿Por qué no te fijas por dónde caminas?-le grito, pero cuando el chico
se volteó se quedó sin palabras. Él era exactamente el chico que la volvía loca,
alto, de porte elegante y que detrás de ese traje negro seguramente se
escondían unos muy bien trabajados músculos.
-Lo siento- susurro el chico con el que había chocado
-Si…no te preocupes-dijo de nuevo intentando de sonar serena, no se
esperaba que ese chico fuera tan apuesto.
El chico de porte elegante solo le sonrió y cuando estaba a punto de
darse la vuelta, Camila pensó en algo que lo pudiera retenerlo.
-Soy nueva en el edificio-el chico volvió de nuevo su vista con una sonrisa en su
rostro.
-Entonces espero que te guste el lugar…-El chico de porte elegante le
miro como preguntando su nombre.
-Camila, soy Camila Almeida, es un gusto-le tendió su mano y el chico
contrario se la estrecho sonriendo de manera cálida.
-Un gusto Camila, yo soy Uriel Montero-Camila abrió los ojos y la boca
al escuchar su nombre.
-¿Uriel Montero?-volvió a preguntar sin creerlo
-Sí, así es –Camila miro de nuevo al chico frente a ella, ahí se
encontraba el hijo de uno de los empresarios más influyentes dentro del país,
el cual además era rico y poderoso; pero sobre todo Uriel Montero era demasiado
apuesto.
-Pues es realmente un placer, ¿Qué tal si nos conocemos un poco más? –Susurro
Camila de masera provocativa, el ver a Uriel le había hecho que sus ganas de
ese acto carnal se hicieran más intensas.
Pero en cambio Uriel se encontraba demasiado cansado y al ser un chico
que normalmente no se encontraba con ese tipo de situaciones, no comprendió muy
bien la indirecta que le había lanzado su ahora vecina.
-Sí, bueno creo que sería una buena idea –dijo Uriel mirándolo sin
entender del todo a lo que se refería Camila.
-¿Qué tal si vamos a mi departamento a tomar algo?-pero antes de que Uriel
pudiera decir algo Camila ya lo estaba jalando del brazo, así que no pudo
resistirse a ir con ella.
En cuanto se adentraron al departamento el ambiente cambió completamente, dejando ver a una
Camila realmente sensual, la cual se insinuaba sutilmente a un Uriel cansado.
-Entonces, ¿Qué te gustaría tomar?-le dijo Camila mirándolo de manera
sensual-¿Qué te parece un poco de licor?-dijo el sonriendo de lado-¿Qué tal
champagne?
Uriel no tuvo tiempo de contestar en ninguna de las preguntas ya que Camila
las había hecho rápidamente y cuando hizo la última ya estaba en la sala con
una botella de champagne y dos copas, sonriendo de manera seductora.
-Está bien-dijo un poco divertido ante las acciones de la chica y es
que pensaba que eso era un poco extraño pero gracioso.
Camila sirvió el champagne en las copas y se sentó al lado de Uriel con
una segunda intensión, le tendió la copa
sonriéndole de forma sugerente Uriel solo la tomo con una sonrisa quizá
hasta inocente.
-Entonces si estoy en lo cierto, tú eres Uriel Montero el hijo del
hombre con más poder sobre el país-dijo mientras pasaba su mano por la pierna
de Uriel.
-Sí, algo así-dijo un poco nervioso ante los insinuantes movimientos de
la chica-¿Cómo lo sabes?
-Mi padre hace negocios con el tuyo, y no deja de decirme que debería
ser como tú; además todas las revistas de negocios o farándula estas tú –dijo Camila
algo fastidiada al recordar cómo le hablaba su padre, pero no odiaba a Uriel, él
realmente le había resultado demasiado atractivo, tanto que solo tenía imágenes
de ella y Uriel teniendo sexo; y estaba
segura que ese hombre podría ser todo un semental en la cama.
-Lo siento-dijo Uriel un poco apenado por la situación, era cierto que
era un hijo ejemplar pero eso era porque así lo habían educado y nunca vio lo
malo en eso, quizá había levantado algunas envidias, pero nunca pensó que lo
utilizaran como ejemplo para otras personas y que le resultaba tan extraño y penoso.
-No te preocupes-dijo un Camila sonriendo de nuevo, le parecía tan
inocente pero podría apostar lo que quisieran en que él era un maestro en la
cama y es que en eso no se podía
equivocar Camila Almeida, ella era toda un maestra en la materia.
Uriel solo sonrió y bebió un poco de su copa, Camila ya se había
acabado la primera y ahora estaba sirviéndose la segunda.
-Y dime, ¿conoces a alguien con quien me pueda divertir?-dijo Camila
con un doble sentido en sus palabras, ya que al parecer Uriel no le había
entendido muy bien al principio.
-Conozco a algunas personas que te pueden resultar muy divertidas, y
son buenos amigos, seguro te la pasaras muy bien con ellos-Comentó Uriel
sonriendo y no había ningún doble sentido al hablar, eso le pareció a Camila
entre lindo y un poco bobo, mostraba a
un Siwon demasiado inocente para su gusto, pero ella lo quería en la cama y así
sería.
-Yo me refiero a otro tipo de diversión-susurro Camila sobre el oído de
su acompañante mientras que su mano viajara lentamente hasta la entrepierna de
Uriel para así pasar lentamente sus dedos por esa parte tan sensible en el
cuerpo de un hombre.
Uriel sonrió y en sus ojos cálidos e inocentes se convirtieron en unos
llenos de lujuria, Camila también sonrió ante ello, demostrando que no estaba
equivocada en lo que había pensado sobre el hombre que estaba acariciando.
-Entonces yo te puedo proveer muy bien de esa diversión-dijo con voz
ronca y seductora lo que provocó que Camila se le erizara la piel de solo
escucharla.
Uriel tomó a Camila de la cintura
levantándola para posicionarla encima de sus piernas y comenzando con ello a besar el níveo cuello de la chica, con una
pasión desbordante logrando que ésta al solo sentir aquellos húmedos besos ya
estuviera gimiendo de placer, pero entonces Camila recordó algo muy importante,
algo no debía dejar pasar por nada del mundo.
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