L'égoïsme tue l'amour.
Una chica de cabello castaño
oscuro y piel pálida caminaba por las grandes y grises calles de Seúl, de sus
ojos salían gotas de dolor y parecía que éstas no querían parar. Ella sabía que
tenía la culpa de todo, pero el dolor que sentía era mucho más grande de lo que
se hubiera imaginado.
De la misma manera de
destrozado se encontraba un chico de cabello castaño y piel más oscura, ambos completamente desolados
y ambos habían sido los culpables de su sufrimiento y no solo el de ellos sino
también el de las personas que amaban.
En una iglesia un chico alto y de porte elegante
esperaba en el altar, aun cuando era el día de su boda él no se sentía en lo mínimo
feliz, aun cuando sonreía por fuera, estaba muriendo de dolor, y de la misma
manera se encontraba la joven que caminaba hacia el altar; vestía un hermoso vestido
blanco y de la mano la llevaba su padre. En su rostro no estaba esa sonrisa que
debe de tener toda novia que camina hacia el altar, sus hermosos labios en
forma de corazón no mostraban felicidad y en sus ojos las lágrimas se
acumulaban.
El chico de porte
elegante le tomó la mano a su acompañante de blanco y le sonrió como para darle
fuerzas; ésta solo le sonrió y se puso a su lado, deseando ambos que la persona
que estuviera a su lado fuera la que cada quien amaba.
La ceremonia
transcurrió de lo más normal, el sacerdote recalcaba lo importante que era el
matrimonio y el hecho de que se tenía que hacer cuando las dos personas están
profundamente enamoradas, pero éste no era el caso de esa pareja; aunque a los
ojos de los demás era así.
A pocos kilómetros del
lugar donde la ceremonia se llevaba a cabo,
la joven de tez blanca se dio cuenta de que no podía aceptar
así de fácil perder al que era el amor de su vida por lo que comenzó a correr
hacia la iglesia donde se celebraba la
boda, no le importaba lo lejos que estaba; tomó un taxi y pidió que lo llevaran
lo más rápido posible a ese lugar; mientras suplicaba que no se realizara esa
boda.
En otro lugar el
chico de cabello castaño oscuro se levantó y corrió de igual manera hacia
aquella iglesia; solo rogaba que no fuera demasiado tarde.
-Uriel Montero,
¿quieres recibir a Giselle Márquez como esposa, y prometes serle fiel en las
alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y así, amarla y
respetarla todos los días de tu vida?
Uriel miró a Giselle,
podía ver su miedo y también la gran tristeza que embargaba en su mirada, Uriel
le sonrió para darle un poco de apoyo pero se sentía de la misma manera. Suspiró
tratando de no ser tan obvio y quiso no estar ahí, regresar el tiempo a aquel
día en que conoció a la persona que amaba, y lo mismo estaba deseando Giselle;
mucho antes de que todo lo que estaban pasando diera inicio, justo dos años
atrás.

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